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Full text of "Graciela Saralegui Sombras Sin Sueño"

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GRACIELA SARALEGUI 


SOMBRAS SIN SUEÑO 






GRACIELA SARALEGUI 


SOMBRAS SIN SUEÑO 

Viñetas de AYAX BARNES 





MONTEVIDEO 

1953 


Queda hecho el depósito que exige la ley. 
Todos los derechos están reservados para el autor. 



A mi 


re 



“Las personas que no conocen el dolor 
son como Iglesias sin bendecir". 

LUIS ROSALES 



La Muerte y la Luna 




LA MUERTE Y LA LUNA 


ANTE-PROLOGO 


PERSONAJES: 

Niña Rosa 
Niña Azul 
Niña Amarilla 

(Fondo musical: Romance Pastoril de “Dafnis y Cloe” de Ravel.) 

Noche de tinieblas. De inviolable silencio. Una estrella, como 
labio suspendido del cielo mancha la oscuridad. Abriendo zanjas 
de luz sobre las so¡mbras, surgen tres niñas descalzas, alzando en 
sus manos, rubias antorchas de fuego. Una viste de rosada, otra 
de alucema, otra de amarillo. Dos son morenas. Una es de trigo. 
Cabellos largos, lacios, cubiertos por un chal de finísimo tul negro 
que baja hasta la cintura. Una música tiembla las ramas de los 
árboles, que hundidos en la noche, son las brujas del monte. Las 
niñas al llegar al borde del escenario, marcan al público con las 
antorchas, exclamando a la vez: 

NIÑAS 

Derribados los sueños, 
despertaste. . . 

¡y nunca más acabará tu llanto! 

Aumentan el silencio y la negrura. La Niña Azul iluminando 
un trozo de papel chamuscado, lee con una voz que puede ser la 
música de un ave: 

NIÑA AZUL 

“Esta trágica leyenda sucedió 
sobre el Monte de los Sueños, 
junto al Arroyo Amargo. 

Lugar que hoy sólo quedan unas 
brasas, a raíz del incendio 
provocado por la extraña caída 
de una estrella.” 

Nuevamente el silencio se ha volcado en el público. La noche 
que aún vive detrás de las niñas se ilumina un instante, sólo un 
instante, ¡ con la extraña caída de la estrella! Parten las tres, 
corriendo horrorizadas, encendiendo al huir, con el resplandor de 
las antorchas, una habitación de inmensos ventanales, donde una 
abuela sueña con sus nietos. 


— 8 — 



PROLOGO 


PERSONAJES : 

Abuela 

Nieto de Trigo 
Nieto Moreno 
Nietos 


(Fondo musical: “La niña de los» cabellos- de lino” de Debussy.) 

A la izquierda del escenario, una pequeña habitación con pa- 
redes de piedra y grandes ventanales de cristal, por donde una 
luna quebrándose en los vidrios, ilumina la chimenea con un 
grito de fuego en la garganta. Un sillón tan antiguo que parece 
una rueca. En él está la abuela, de cabellos tan blancos como lluvia. 
A sus pies, dos pequeños : uno rubio de trigo, otro moreno en noche. 
Tres más, sobre la alfombra de madre - selva y trébol, arriman 
leños para aumentar el fuego que crepita, como si fuese un ruido 
necesario. 


ABUELA. 


NIETO DE TRIGO. 

NIETO MORENO. 

ABUELA. 


— (Dejando la mirada en cada uno) 
Hoy que en la noche, el grito 

de la estrella más alta, 
descendió como potro 
de nieve ensangrentada, 
les contaré una historia... 
ni sé como llamarla... 

— ¿Es el del viejo blanco 
que tiene^azul la barba? 

— ¿Es el de los enanos 
que mueven la montana ? 

— Es un cuento de luna 
y estrellas, que lejanas, 
sobre mares de niebla 


— 9 — 



NIETOS (cantando) . 
ABUELA. 


NIETOS (cantando) . 


naufragaron las almas . . . 

— ¡Arroyos en la luna 
y estrellas en el agua! 

— . . .y hoy que viene la noch^-. 
gateando entre las plantas, 

y el rumor de los ríos 
detiene las tonadas, 
escuchad la dulzura 
de esta leyenda amarga, 
donde luna y estrellas 
se quedaron sin almas . . . 

— ¡ Llanto de luna enferma 
y estrellas como lágrimas! 


La abuela recoge un libro de cuero envejecido que está sobre 
la estufa, y sentándose en su sillón antiguo como una rueca, co- 
mienza a leerles en voz alta. Detrás de la ventana, 1& luna marti- 
riza al fuego que enrojece. 


ABUELA. — En una luna de sombras 

duerme Silencio y un Rancho. 
De los techos de totora, 
sobre potrillo de barro, 
parte le muerte cubierta 
con luceros de presagios. 

Las Madre-selvas, hincadas, 
rezan fragancia de campo. 

Una retama amarilla 
pasa la noche llorando. 

El viento, arando las ramas, 
cruza vestido de espanto. 

Las ventanas, afiebradas, 
tiñen de sangre sus labios, 
que el Sol, Don Juan de Oro Rojo, 
no ha conseguido besarlos. 

Grises torrentes de garzas 


— 10 — 



atravesaron el patio, 
y en ese instante preciso, 
tendió la muerte su brazo ! 

Se detuvieron las alas. 

El fuego se volvió blanco. 

Y las plumas como flores, 
nacieron flores de llanto, 
abriendo rostros de escarcha 
en la quietud de los campos. 
Escuchen... ¿sienten?... Silencio... 
Huyen las garzas, rezando*, 
en religiosa tropilla 
de suspiros amarrados... 

Pero no siempre las aves 
atravesaron el llano, 
sin un timón en el viento, 
como veletas rodando . . . 

Hubo un tiempo, en que sus alas 
eran las velas del barco 
que con destino, surcaba 
los mares del aire claro. 

No hace mucho, las ventanas 
guardaron sol en los labios, 
y la retama amarilla 
pasó la noche soñando. . . 

Una mañana de luces, 
amordazada de campo, 
amaneció una pequeña 
con un vestido tan blanco 
que era de niebla y rocío. 
Trenzas de rubio incendiado, 
que confundí con la fruta 
madura de los naranjos. 

La llamaban Aromita, 
y tenía los ojos claros, 


— 11 — 



como pedazos azules 
de las violetas del lago. 

. . . ¡ Oigan . . . silencio ... la 
juega en la luz de su canto. 


brisa 
. . ! 


— 12 — 



CUADRO I 


PERSONAJES: 

Aromita (la niña) 

Hermana Gris (la hermana) 


(Fondo musical: Romance Pastoril de “Dafnis y Cloe” de Ravel.) 


Al terminar el prólogo se apaga la escena, iluminándose len- 
tamente el resto del escenario. Rancho pequeño sobre un trecho 
de tierra endurecida. Ventanas cubiertas de madre-selvas. Una 
retama en flor. Arbustos verdes. Verbenas, ¡macachines y violetas 
salpicando la hierba y el rocío. A la derecha corre un camino an- 
gosto, terminando en un monte y un arroyo sereno'. El sollozo' de 
un grillo intermitente, eterno, como en son de protesta contra el 
hombre. Está todo de noche. Además de la luna tiemblan muchas 
estrellas. Arrodillada en el pasto, una niña enteramente blanca, 
blanco el traje, las manos, la sonrisa, se dirige a la estrella que 
está inmóvil. 

AROMITA. — “Estrella que me iluminas 

con los ojos afiebrados, 

haz que esta noche, mi sueño' 

sueñe al que siempre ha soñado. 

¡ Que sea grande, fuerte, altivo ! 

¡ Que tenga luz en los labios, 
para poblarme las sombras 
de mi vivir solitario ! 

¡Que..,!” 

Por la puerta del rancho aparece la Hermana, nublada como 
un presagio, huidiza como una sombra. Mueve la cabeza con des- 
aprobación, cariño, reproche. Viste un traje muy gris. Un rostro 
pálido y un cansado silencio en la mirada. 

HERMANA GRIS. — ¡Aromita, no seas nina... 

sólo tendrás desengaños! 


— 13 — 



AROMITA. 


— Hermana... déjame sola. 

¿Por qué me sigues mirando? 

¡ La estrella nunca contesta 
cuando te siente a mi lado! 

HERMANA GRIS. — « Pero Aromita del alma, 

desde la Misa de Gallo 
que rezando a las estrellas 
ninguna te ha contestado. 

AROMITA. — Aún quedan tantas, que tengo 

para rezar muchos años. 

“Estrella que me iluminas 
con los ojos afiebrados...” 

¡Mira hermana! ¿Ves la estrella? 
¡ Esa ! ¡La que te señalo ! 

¡ Recién bajó la cabeza 
haciendo así, con la mano*! 

Aromita se aleja por el sendero. La hermana la contempla. 

Luego las dos comienzan a monologar dirigiéndose a la misma 

estrella, sin oírse la una a Ja otra. 

HERMANA GRIS. — ¡Pobre mi niña! ...tan niña 

que espera eternos milagros . . . 
“Estrella la de los picos 
afilados como labios. . . 

¿eres la misma de entonces? 

¿la que siempre caminando 
contra mi sombra, bebióse 
mi noche loca de pájaros?” 

AROMITA. — “Estrella la de los picos 

suaves como los remansos. . . 

¡ Caminarás con mi sombra 
hasta asombrarla de blanco, 
borrando sombra en mi noche 
loca, invadida de pájaros ! 


— 14 — 



Muy lentamente, acompañadas del ritmo de la música que ape- 
nas es un murmullo, aparecen las Niñas entre los árboles, dibu- 
jando figuras con las antorchas y las sombras. Escuchan en un 
suave movimiento, el contrapunto insospechado de las hermanas. 


HERMANA GRIS. 


AROMITA. 


HERMANA GRIS. 


AROMITA. 


HERMANA GRIS. 


AROMITA. 


— Co¡mo ella soñé mi sueño. 

Tardes y tardes rezando 
silenciosos Padrenuestros 
de rodillas en el pasto . . . 

— Sueño despierta, mi sueño 
Sueño dormida, esperando 
que le ilumines el sueño 

al que me vive .soñando. . . 

— ■ Realizaste mi alto sueño, 
pero nació, despertando, 
hasta clavarme en el alma 
las agujas de los cardos. . . 

— ¡ Que me amanezca de flores 
antes que parta el verano ! 

¡ Me vuelva Monte de Estrellas ! 

¡ Me vuelva Arroyo de Pastos ! 

— Cuando era como Aromita 
tenía los ojos tan claros, 
que en el valle me pusieron 
“La de los ojos de lagos*’. 

Sin embargo, con el tiempo se me 
fueron enturbiando, 

¡y hoy en el valle murmuran 
que son de Mar Agraviado! 

— El potrillito del viento 
lleva mi voz a tu lado, 
para que sientas mi acento 
en la oración que te mando! 


— 15 — 



HERMANA GRIS. 


AROMITA. 


HERMANA GRIS. 


AROMITA. 


HERMANA GRIS. 


AROMITA. 


HERMANA GRIS. 


— ■ Y no fueron solamente 
mis pupilas que cambiaron. 
Cuando aquella tardecita 
partió mi amor, enredando 
su cabello hecho de sombras 
en la flor de los damascos, 
se perfumó todo el bosque 
hasta ocultarme sus pasos. 

— ¡Y mi acento es como el humo 
que se diluye en retaros 
vaporosos como nubes, 

y como nubes... soñando... 

— ¡ Y cuando tú te asomaste 
por la frente de los álamos, 
sobre tu rostro de escarcha, 
se fue clavando mi llanto! 

— Quizá mis ojos cansados 
sólo distinguen el llanto 
que amanecido en tus picos 
me va juntando las manos... 

— Entonces, ¡quise llamarte! 
Enmudecí, como un árbol. 
Sentí la tierra en los ojos. 
Mojé la noche en los labios. 

— Mis sonrisas de agua fresca 
como arroyos desbordados, 
irán cubriendo la angustia 
de tu silencio afelpado... 

— Me desperté. Amanecía... 
Dije del sueño: ¡qué amargo! 
acordándome de aquella 


— 16 — 



tardecita de verano, 
la que en tus picos azules 
había quedado mi llanto-. . . 


ÁROMITA. — Estrella que me iluminas 

con los ojos afiebrados, 

¡ dame tu mano de nube, 
que espero el sueño más blanco ! 

HERMANA GRIS. — ¡Aromita me besaba! 

¡ Ña Pico estaba a mi lado 
con un manojo de hierbas 
y unas espinas de cardos ! 

Que me cuidara de veras, 
porque el corazón, callado, 
juega a la vez con la vida 
y con la muerte en sus brazos. 


AROMITA (Sorprendida). — ¡ Pero Hermana, ¿es con la estrella 

que estás así conversando? 


HERMANA GRIS. 

AROMITA. 

HERMÁNA GRIS. 


AROMITA. 

HERMANA GRIS. 


— Hablaba sí, con la estrella... 
y le estaba recordando... 

— ¿Tú, le hablabas con palabras? 
¿Tú, que no crees en milagros? 

— Tienes razón, Aromita, 
sólo contemplaba el raro 
resplandor de sus temblores 
que me parecen presagios... 

— ¡Es cierto! ¡Mira! ¡Esa estrella 
acudirá a mis llamados ! 

— ¡Aromita! ¡No le reces 
Padrenuestros en el pasto! 


— 17 — 



¡ ay ! . . . qué dolor en el pecho . . . 

. . .Aromita. . . me desmayo. . . 

AROMITA (Sosteniéndola). — ¿Sientes de nuevo en el alma 

la mordedura de un pájaro? 
i Ña Pico! ¡Venga enseguida! 

¡Ña Pico! ¡Que se va ahogando! 

¡Y ya sus ojos azules 

se van nublando... nublando... 

HERMANA GRIS. — Estrella blanca... te ruego... 

no quiero verla llorando... 

AROMITA. -T- ¡Estrellita! ¡Dime! ¡Dime 

lo que ignoro de hace tanto! 

¡ Dime ! ¡ Dime quién te ha puesto 
de negro, tus picos blancos! 

La estrella se ha ido oscureciendo hasta confundirse con las 
sombras. Las Niñas que han permanecido en la escena, al ver el 
cambio de la estrella, huyen corriendo. 


FIN DEL CUADRO I 



CUADRO II 


PERSONAJES: 

Aromita (la niña) 

Ña Pico (curandera del monte) 

Abuela 

Nietos 

(Fondo musical: 1* parte: Romance pastoril de “Dafnis y Cloe” de Ravel.) 
(2^ parte: “La Niña de los cabellos de lino” de Debussy.) 


El mismo escenario anterior, con el fogón encendido. Aparece 
Aromita por la 'puerta del rancho, sentándose sobre un tronco junto 
al fuego. Un tronco retorcido como un hombre que sufre. La estre- 
lla, que de nuevo está blanca, sigue sobre su rostro. 

AROMITA. — Tembló dos veces los ojos 

como si fuera a cerrarlos... 

Dos veces dentro del pecho 
Ña Pico busca un llamado 
con un manojo de hierbas 
y un abanico de cardos. 

(Se incorpora hablándole a las flores) 

• Madre - selvas, mis amigas, 
¿están por ella rezando? 

¡Vieja retama amarilla, 

¿siguen tus flores llorando? 
Estrella que me iluminas 
con tu mirar afiebrado, 
parte mi sueño en tu sueño 
de lo que nunca he soñado, 
para que pueda mi hermana, 
despertar su sueño largo. 


— 19 — 



Sale Ña Pico del rancho. Viste de fuertes colores. Una mata 
de pelo renegrido cae sobre sus hombros. En sus manos trae una 
caldera tiznada y un manojo de hierbas. En la distancia, sigue 
clavando el aire con su ronco quejido que no cesa, el grillo insa- 
tisfecho. Aromita se aproxima a Ña Pico. 

AROMITA. — ¡Ña Pico! ¿Se va tan pronto? 

ÑA PICO. — Ya todo el mal ha pasado. 

Irás de prisa al arroyo 
para mojar unos cardos. 

Les sacarás las pelusas 
teniendo mucho cuidado, 
y entre dos hojas de tilo 
debes ponerlos, sesgados. 

Luego, con lianas y mimbres 
muy despacito has de atarlos 
a su corazón, entonces 
Aromita, habrá acabado 
el dolor. 

AROMITA. — — ¿Y si volviera? 

ÑA PICO. — Mandas las garzas al pago' 

y que me llamen sus gritos. 
Mas... no quedarse temblando, 
que cuando salga la luna 
todo se habrá terminado. 

AROMITA. — ¡Ya voy Ña Pico, hacia el monte 

a juntar flores de cardos! 

ÑA PICO. — Si cuando salga la luna, 

todavía no has regresado, 
no pienses más en curarla... 
y planta un bosque de llanto. 

Se van apagando todas las luces. Sólo se distingue el resplan- 
dor de la estrella y el angustiado quejido del grillo. Una música 


— 20 — 



diferente, quiebra el silencio de la noche. Mientras la luna incen- 
diada se aprieta contra el vidrio, reflejando su luz entre las bra- 
sas. Se va iluminando el rincón de la abuela y los nietos. 

ABUELA. — Y Aromita se fué al monte 

por un camino apagado. 

Buscaba luz. Era noche... 

Las garzas iban volando... 
Corrían lentos los minutos 
afilándose en los pastos, 
y la luna comenzaba 
a nacer entre los álamos! 

Aromita se arrodilla, 
como se arrodilla el árbol, 
alza los ojos y dice: 

Se apaga el rincón de la abuela quedando todo> en tinieblas. 
Sólo se vuelve a ver la estrella que titila, escuchándose la protesta 
del grillo. 


FIN DEL CUADRO' II 



CUADRO III 


PERSONAJES: 

Aromita (la niña) 

Leñador (El Loco del Viento Malo) 

Pastor de estrellas 
Pastor de cabras 
Pastor de ovejas 
Niñas 

(Fondo musical: Romance Pastoril de “Dafnis y Cloe” de Ravel.) 

Se ilumina nuevamente la escena del monte y el arroyo que 
hasta ahora habían quedado siempre en penumbra. Arboles dife- 
rentes. Senda angosta y el arroyo sereno, casi verde. La luna 
apenas abre. Varias estrellas tiemblan. Una está fija, inmóvil, casi 
humana. Aromita, recostada en el pasto como un gajo de niebla, 
alza los ojos a la estrella inmóvil. 

AROMITA. — . Estrella que me iluminás 

con tu mirar afiebrado, 
haz que esta noche, en el monte,' 
florezcan todos los cardos, 
antes que encienda la luna 
mi negra sombra de blanco. 

Por detrás de los árboles se aproxima un viejo leñador. Grande, 
fuerte como una muchedumbre. De una faja roja que ciñe su cin- 
tura, sale una vaina donde brilla la punta de un cuchillo tan afi- 
lada como un grito. Lleva en la mano un hacha plateada como la 
luna fría que comienza a salir entre los álamos. Se acerca a Aromita 
con mirada extraviada, interrumpiéndola: 

LEÑADOR. — Pálida fruta de brisa, 

¿a quién esperas, en vano? 

¡Pero pequeña, ¿qué tienes 
que están tus ojos mojados 


— 22 



AROMITA. 


LEÑADOR. . 


AROMITA. 


LEÑADOR. 


AROMITA. 


comq la menuda hierba 
amanecida en el campo? 

— Leñador de altas acacias, 
también tu rostro arrugado 
tiene el color de la pena, 
tiembla un temblor apagado . . . 

— ¿Cómo te llamas, Alondra 
de mis recuerdos amargos? 

¡ Cuánta miel ha recogido 
tu cabello, y en tus manos 
el pastor de mis ovejas 
dejó diez vellones blancos! 

— Me pusieron Aromita 
porque nací en un naranjo, 
y desde entonces, mi cuerpo 
guarda el aroma del árbol. 

— Me recuerdas a una niña 

que amaneció entre mis brazos. 
Era frágil como el humo, 
y tenía los ojos pálidos 
como el jacinto silvestre 
que bebe el agua del charco. 

— Las niñas de ojos azules, 
azulan todo, mirando. 


LEÑADOR. — Se llamó Luz, y en el monte 

hizo de luz en mis años . . . 

¡ Qué prisa tienen las horas 
felices, y qué alargados 
los minutos que las siguen... 
¡ Pena crecida en el fango ! 


— 23 — 



AROMITA. 


— ¿Por qué se apagó en el monte 
la luz de sus tantos años? 

LEÑADOR. 


— ¡ No se apagó ¡ Llegó el viento 

como si fuese un lagarto, 
y a latigazos de frío 
partió la luz de mi campo! 

¡ Atfás de cien noches oscuras, 
con el cuchillo afilado, 
busqué al viento entre las ramas, 
para cubrirlo de tajos! 

El, me gritaba en las hojas! 

AROMITA. 


— ¿Y pudo al fin encontrarlo? 

LEÑADOR. 


— ¡No! Pero sé que un día inmenso, 
lo atraparé entre mis brazos», 
y con mis dientes furiosos, 
haré un arroyo en sus labios! (Al 
decir esto desenvaina el 
cuchillo cortando el aire). 

AROMITA. 


— ¡ Leñador de altas acacias, 
váyase lejos, que en vano 
buscará al viento ! Estrellita, 
también te nublas de espanto? 

Detrás del monte pasa un grupo de pastores. Visten trajes de 
mucho colorido. Uno entona una canción en una armónica. Miran 
hacia la niña y el leñador, comentando: 

PASTOR DE OVEJAS. 

— ¡Mira quién va por la senda! 

PASTOR DE 

CABRAS. 

— ¡El Loco del Viento Malo! 

PASTOR DE OVEJAS. 

— ¡Huyamos antes que mire! 



— 24 — 



PASTOR DE ESTRELLAS. — ¿Te va a embrujar el ganado? 

¡ Y no veis que hay una niña 
temblorosa como un pájaro! 

PASTOR DE OVEJAS. — ¡ Si no le temes al viejo 

vete a salvarla. Miramos 
tu heroísmo, y por las dudas 
de aquí me voy alejando. 

(Se aleja persignándose.) 

PASTOR DE ESTRELLAS. — ¡Niña! ¡No temas, que llego! 

El, no es un hombre muy malo. 

(Dirigiéndose al viejo.) Váyase usted, que la brisa 

está silbando en el llano, 
que detrás de las acacias 
el viento duerme, soñando... 

LEÑADOR. — ¿Es cierto lo que me dices? 

¿Oyes pequeña? ¡Me marcho! 

¡Al fin lo encuentro dormido 
para quebrarlo con tajos! 

(Se aleja hablando solo y afilando el cuchillo contra el hacha.) 

AROMITA. — ¿Quién es ese leñador, 

el del mirar extraviado? 

PASTOR DE ESTRELLAS. — Es un viejo que hace tiempo 

se volvió loco llorando. 

AROMITA. — ¿Por qué me dijo que es ciego 1 

si ve la luz de los campos? 

PASTOR DE ESTRELLAS. — En su soledad constante, 

una niña hizo el milagro 
de iluminarle los ojos 
cuando se habían apagado... 


— 25 — 



AROMITA. — ¿En dónde viven las niñas 

que conocen los milagros? 

PASTOR DE ESTRELLAS. — Vivió en el monte, silvestre 

como la flor del manzano, 
y cuando ésta se hizo fruto, 
el fruto se hizo pedazos! 

AROMITA. — ¿Por qué persigue en las ramas 

al viento, para matarlo? 

PASTOR DE ESTRELLAS. — Porque esa noche, hasta el viento 

gritó, matando a los pájaros, 
y esa noche, el leñador, 
ciega la Luz de su rancho*, 

¡juró matar a los vientos 
y derribó a los manzanos! 

¡ Pobre Leñador enfermo ! 

¿sabrá rezar?. . . es extraño. . . 
porque el que reza a una estrella 
consigue el sueño soñado... 

Es cierto niña, a la Virgen 
en una estrella le hablo . . . 

AROMITA. — ¿Y se han cumplido tus ruegos? 

Comienzan a aparecer entre los árboles, por sitios diferentes, 
haciendo una ronda, las niñas con sus antorchas encendidas, hasta 
que se juntan alrededor de un tronco detrás de Aromita y el Pastor 
que no las ven. Murmuran agitando y dibujando figuras en el aire 
con las antorchas. 

PASTOR DE ESTRELLAS. — A veces, ¡muchos fallaron! 

Pero* qué quieres, la Virgen 
tiene tantos rezos altos, 
que. recibe de los hombres, 


AROMITA. 


PASTOR DE ESTRELLAS. — 


— 26 — 



de las flores, de los pájaros' 


AROMITA. — Siempre le pido a esa estrella 

que tiene inmóvil ios labios . 
“Estrella que me iluminas 
con tu mirar afiebrado, 
haz que esta noche, yo sueñe 

PASTOR DE ESTRELLAS. — . . .¡con la que siempre he soñado! 

AROMITA. — ¿Cumplió la estrella tu ruego 0 

PASTOR DE ESTRELLAS. — ¡La Virgen ha contestado! 

¡ nace una luz en mis ojos 
cuando te siento> a mi lado! 

¡Eres tú! ¡Sí! ¡Tú la niña 
que la Virgen ha mandado! 

AROMITÁ. — ¡Y tú el pastor que en las noches 

mi sueño estaba soñando ! 

PASTOR DE ESTRELLAS. — ¡ Oye Aromita, los ángeles 

pueblan el cielo* de cantos ! 

¡ El monte gira en el viento 
hasta teñirse de pájaros ! 

AROMITA. — ¡Mira el arroyo! Las aguas 

y los juncos se besaron! 

PASTOR DE ESTRELLAS. — ¡Y se aproxima la luna 

blanca amazona en el barro, 
con una rienda de estrellas 
iluminando los álamos ! 

Se ve a la luna brillante, fría, blanca, entre los árboles. Cuando 

él la nombra, Aromita retrocede horrorizada, descubriéndola. 

— 27 — 



AROMITA. 


— ¿La luna...? ¡Vino la luna 
y me olvidé de los cardos! 

¡ Entre sus blancas montañas, 
dolor y amor se incendiaron ! 
(dirigiéndose al pastor) ¡Ya no te quiero! ¿Comprendes? 

¡Vete de aquí! ¡De mi lado! 

¡ Estrella ! ¡ Cuánta perfidia 
afilándote los labios! 

¡ Niña ! . . . ¡ Niña de mi vida! . . . 

¡ de mis sueños no soñados ! 

¡Te busqué siempre! ¡Te quise! 
¡Un día, te sentí rezando 
para que llegara pronto 
este pastor de ganado ! 

¡Por fin te encuentro! ¡ Me tienes 
. . .y te alejas. . . rechazando 
este amor hecho 1 en la estrella, 
junto a la luna y el cardo! 


FIN DEL CUADRO III 


PASTOR DE ESTRELLAS. — 
(arrodillándose) 


28 — 



CUADRO IV 


PERSONAJES: 

Niña Azul 
Niña Rosa 
Niña Amarilla 
Aromita ( la niña) 

(Fondo musical: Romance Pastoril de “Dafnis y Cloe” de Ravel.) 

La escena del principio. Unas brasas en el fogón, apagándose. 
Atardece. Apenas asoma una luna pequeña. Las tres niñas aparecen 
corriendo con sus antorchas, por diferentes lugares. Deteniéndose 
junto al fuego, miran hacia el rancho. , 


NIÑA ROSA. 

NIÑA AZUL 

NIÑA AMARILLA. 

NIÑA AZUL. 

NIÑA ROSA. 

NIÑA AZUL. 


— ¡Volvió Aromita corriendo 
por el sendero afilado! 

— Llegó a la casa. . .. silencio. . . 
y vió a la luna mirando 

con sus pupilas redondas, 
los techos negros del rancho! 

— Las madre - selvas hincadas 
rezaban entre los pastos . . . 

— Y la retama amarilla 

se volvió blanca de espanto... 

— ¿Qué habrá sentido Aromita 
cuando llegó hasta su cuarto? 

— ¡Oigan!... silencio... no miren... 
que está la brisa apretando 
contra su cuerpo de niebla, 

un potrillito de llanto ! 


— 29 — 



NIÑA AMARILLA. 


NIÑA ROSA. 


NIÑA AMARILLA. 


NIÑA AZUL. 


— ¡No hay estrellas en el cíelo! 

— ¡Todas se han ido apagando! 

— ¡ Sólo ha quedado la luna 
como una daga de mármol! 

— ¡ Cállense, que por la puerta 
viene Aromita llorando... 


Aparece Aromita por la puerta del rancho, vistiendo una túnica 
hasta el suelo, de un lila enfermo. Una manta de lo mismo le cubre 
la cabeza. Tiene la irrealidad de un sueño. 


AROMITA. 


NIÑA ROSA. 

AROMITA. 


NIÑA AMARILLA. 


— ¡ Ahora sé, por qué mi hermana 
no tenía fe en los milagros ! 
Cuando corriendo del monte, 
llegué a la casa, escuchando 
los arpegios dolorosos 

de los grillos solitarios . . . 

— ¡Los grillos cantan sufriendo! 

¡ Los hombres lloran cantando ! 

— . . .¡Cuánta fe traía en la estrella! 
¡la de los picos tan pálidos! 

¡la silenciosa en las tardes 
amarillas del verano ! 

— ¡ La fe se pierde en las olas 
del mar sin fin de los años ! 


AROMITA. 


NIÑA AZUL. 


— ¡ Cuánta fe traía en la estrella 

y en la luna, que inundando 
mis pisadas presurosas 
iba cubriendo mis pasos! 

— Los pasos, como los sueños, 


— 30 — 



se terminan, empezando! 


AROMITA. 


NIÑA AZUL. 

AROMITA. 


NIÑA AMARILLA. 


— Cuando llegué: los postigos 
paralíticos, mirando... 

Tuve miedo. ¡Un miedo intenso! 
¡pero entré igual en el rancho! 

— ¡ El miedo tiene un motvio ! 

¡Y el motivo un desengaño! 

— Cuando* en invierno, las sendas 
son como arroyos nevados 

sin olas y sin orillas... 

¡Así la encontré... ¿soñando...? 
¿soñando que era un arroyo 
con sueño eterno y helado? 

— ¡ Cuando un arroyo se puebla 
de nieve... dadle descanso... 


AROMITA. 


NIÑA AZUL. 

AROMITA. 


NIÑA ROSA. 


— Pensé que estaba dormida. 
Quise cubrirle las manos... 

Si la nieve tiene frío, 

¡ella estaba tiritando! 

— ¡ Hay quienes mueren sin nieve ! 

¡ Hay quienes mueren nevando ! 

. — ¡ Llamé en voz alta ! . . . Silencio. . . 
¡ Huí, corriendo hacia el campo ! 
¡La luna inmóvil, reía! 

¡ La estrella, siempre mirando ! 

¡ Y entre sus picos de escarcha, 
se fué clavando mi llanto! 

— Cuando una estrella te mira 
la pena, ¡cesa el encanto! 


— 31 — 



AROMITA. 


NIÑA AMARILLA. — 

AROMITA. — 

(Aparece una estrella roja.) 

NIÑA AMARILLA. — 

NIÑA ROSA. — 

NIÑA AZUL. — 

(En el suelo se ve que una 
flores de cardos.) 

NIÑA AMARILLA. — 

NIÑA ROSA. — 

NIÑA AZUL. — 

AROMITA. — 


i Esa es la estrella! ¡ Miradla! 
¡ Sigue esperando el llamado 
que tarde a tarde le hiciera 
por si llegaba el milagro! 

¡ El milagro es imposible, 
cuando hay camino marcado! 

¡ Pero se olvida, que anoche 
mis sueños se derribaron ! 

¡ y en una lágrima inmensa, 
ahogué ’a luz de sus rayos! 


¡La estrella! 

— ¡ Sangre ! 

t -\ La estrella ! 
chispa de las brasas incendia unas 

¡ Los cardos ! 

— ¡ Muerte ! 

— ¡ Los cardos ! 

¡Estrella! ¡Murió tu brillo! 

¡ y entre las ramas del álamo 
tus picos como puñales, 
cubren el aire de tajos 
¡Te desnudó mi gemido! 

¡Y vivirás, tiritando, 
con un retazo de niebla 
y las espinas del cardo! 

32 — 



Las niñas gritan a la vez amenazando a la estrella con las 
antorchas y rodeando a Aromita que ha caldo en el suelo 1 como 
una nube enferma. 

NIÑAS. — ¡ Quién ha de amarte, si tienes 

veneno azul en los labios! 

La estrella ha ido poniéndose azul y la luna parece una daga 
de fuego. Los demás es tinieblas. La música apagándose. Sólo se 
escucha nítido, angustioso, hiriente, el quejido del grillo. 


FIN DEL ACTO 




— 33 — 



EPILOGO 


PERSONAJES: 

Abuela 

Nietos 

(Fondo musical: Romance Pastoril de “Dafnis y Cloe” de Ravel.) 

Noche de sombras. De inviolable silencio. Ni estrellas que ilu- 
minen las tinieblas. Sólo la luna, que ha quebrado los vidrios, del 
cuarto de la abuela, se incendia con los restos de un fuego, con 
las brasas ardientes, rojamente apagándose. La abuela, ajena 
a todo, continúa leyendo. Los nietos duermen. El grillo ha enmu- 
decido como si hubiese muerto. 

ABUELA. — Cuento de luna y. estrellas. 

Dolor, amor y milagros. 

Tropa de flores silvestres 
que un viento fue destrozando. 
Manantiales de ilusiones. 

Niñez que cruza, volando, 
como aquellas golondrinas 
que van detrás del verano... 
Niñez que tiene amarguras, 
como en otoño, aquel árbol 
que ve sus hojas tempranas, 
rodar sin vida en los charcos. . . 
Ruta igual e inevitable 
de la luna, que soñando, 
hace soñar a las almas 
angustiadas, olvidando, 
que se casó con la muerte, 
hace millares de años. 

Estrellas, que tan lejanas 
parecen toritos blancos, 


— 34 — 



con las astas encendidas 
en un viento colorado. 

Cuento de luna y estrellas. 

Un cuento triste y lejano . . . 
donde el amor se hizo fruto, 
y el fruto se hizo pedazos ! 

¡ donde la risa del trébol 
amanecida en el campo, 
cuando aparece una estrella, 
cambia la risa por llanto ! 
donde el amor se detiene 
con el silbido de un pájaro, 
y cuando llega la luna, 
los dos se quedan sin canto! 
Y terminó todo el cuento. . . 
éste que es triste y lejano. . . 
y los ojos de los niños, 
bajo un influjo de encanto, 
se olvidaron de Aromita, 
y se durmieron... soñando... 


F I N 




Drama del Amanecer 



DRAMA DEL AMANECER 


PERSONAJES: 

Figura 

Sueño 

Tiempo 

Robles. Silencio. Soledad. Silencio. 

Huye la noche. Madrugada. Estrellas. 

A la orilla del lago, una figura 
contemplando su sombra, se despierta. 

¿Quién pone límite a esa sombra inmóvil, 
a la que no he llegado ni me llega? 

* 

¿No confundes la sombra con la muerte, 
a la que alcanzarás sin poseerla? 

FIGURA. — Amanece lejana... entre las nubes 

que van y que no van . . . ¡ olas sin vuelta ! 

SUEÑO. — Las olas van y vuelven como el día. . . 

FIGURA. — ¡Junto a los astros de pupilas ciegas! 

SUEÑO. — El mirar de los astros es radiante 

iluminado y blanco de tibieza. 

FIGURA. — El mirar de los astros es tan frío 

que hace temblar su propia luz. . . 

SUEÑO. — — ¿Yaella? 

FIGURA. — Tiembla también . . . como la lluvia mansa . . . 

esa que es tibia, enamorada, trémula... 

SUEÑO. — ¿Y avanza siempre? 


FIGURA. 

SUEÑO. 


38 — 



FIGURA. 


— ¡ al divisarme avanza, 
pero a mi lado se convierte en niebla. 

SUEÑO. — ¿No será el esqueleto del silencio 

que hay en las almas de los que agonizan? 
¿O el contorno fugaz de los suspiros 
que nacen muertos por nacer de prisa? 

FIGURA. — ¿Quién abre un precipicio en su sendero 

que es también desde siempre mi sendero? 

SUEÑO. — 1 El camino de todos, no es de nadie. 

FIGURA. — ¡Ya ni un camino, ni mi sombra tengo! 

SUEÑO. — Sólo> una propiedad mantiene el hombre: 

la muerte de su muerte, que es su vida. 
¿Aún deseas algo más? 

FIGURA. — — ¿Eres un hombre? 

¡Los ojos que me incendian... ¿son tus ojos? 
¡Es tu palabra el viento? ¿No respondes? 
¡Fantasma! ¡Cruel fantasma de mi sueño!... 
...¡o de tu sueño!. . . (Señalando a la som- 
bra que se refleja en el agua). 

Aves inmensas vuelan temerosas 
entre las verdes copas de los robles. 

Gime la estrella como un ojo ciego 
temblando en el abismo de la noche. 

Un silencio estridente va creciendo 
de la tierra a las nubes. Sólo el bosque 
levanta su follaje enamorado 
de un cielo oscuro, silencioso, inmóvil. 

En un trecho angustioso, los guijarros 
de un arroyo se pueblan de rumores, 
y en su orilla de juncos, la figura 
busca la sombra que en el agua corre. . . 


— 39 — 



SUEÑO. 


FIGURA. 


SUEÑO. 

FIGURA. 

SUEÑO. 

FIGURA. 

SUEÑO. 


FIGURA. 

SUEÑO. 

TIEMPO. 


— Debo partir. La estrella del crepúsculo 
me guiará. ¡ Por fin cesó la noche ! 

La sangre de la aurora sobre el río. . . 

— j Sueño ! ¡ Fantasma ! ¡ Sombra ! ¡ No me dejes ! 
¿Huyes de mí? ¿Quién estremece el aire, 
maldiciendo en la brisa, la partida? 

¿Por qué el llanto prendido de las luces 
encandila los ojos de los hombres? 

i Fantasma ! ¡ Sombra ! ¡ Sueño ! ¡ No me dejes ! 

— Tú, ya despiertas. . . despiertas con la luz. . . 

— ¡ La Luz es vida! 

— — ¿Y tú no vives? 


— — ¡ Muero ! 

¡ A cada soplo ! ¡ A cada instante, muero ! 

¡ Llévame o- ven ! ¡ No me abandones ! 

— — i Mientes ! 
¡olvidando que mientes a tu sueño! 

Aún retienes la sombra de los vivos, 
la’que no logra aprisionar ni el cuerpo! 

— Entonces. . . ¿eres tú quien la separa 
de mis brazos...? ¡Respóndeme! 

— — No es cierto. 
Entre tus brazos y tu sombra se alza 

otro fantasma que se llama ¡Tiempo! 

— ¿Alguien me nombra? 


SUEÑO y FIGURA. — — ¡ Tiempo ! ¡ Te llamamos ! 

¡Te llamamos los dos a un mismo tiempo! 



TIEMPO. 

— ¿Y quienes sois los dos si todo es uno? 

FIGURA. 

— ¡Yo soy un hombre! 

TIEMPO. 

— —¿Y tú? 

SUEÑO. 

— ¡ Yo soy un sueño ! 

TIEMPO. 

— A cuál queréis que escuche: ¿al que solloza 
por soñar, o al que sueña que no es sueño? 

FIGURA. 

— ¡A mí, que condenado a este martirio 
llevo en mi ser la Cruz de los Infiernos! 

SUEÑO. 

— ¡ A mí, que condenaron desde siempre 

a enredarme en las almas como el viento! 

FIGURA. 

— ¡ A mí, que siendo un hombre estoy sin vida ! 

SUEÑO. 

— ¡A mí, que estoy insomne siendo sueño! 

TIEMPO. 

— Sentémonos los tres junto a las sombras 
de los eternos árboles callados ; 

¡enhiestos penitentes de *los bosques 
que purgan el delirio de los pájaros. 

FIGURA. 

— ¿En dónde estás? ¡Sólo tu voz percibo! 
¡alta de cielos o de hundido fango! 

TIEMPO. 

— Lo mismo da. Mi voz vive en el todo. 

SUEÑO. 

— ¡ Hazme rio en la llama de tus años! 

FIGURA. 

— ¡Estoy cercado de fantasmas! ¡Solo! 

TIEMPO. 

— Solo de ti. ¿Esperas el milagro 
de conseguir lo que jamás pudieran 
los hombres conseguir en su calvario? 


— 41 — 



Un Trueno rojo, alucinado, inmenso, 
estremeció a la tierra y al espacio. 

Las luces del crepúsculo se hundieron 
>en un cielo terrible y sin ocaso. 

La lluvia loca se estrelló en la tierra, 
yen el follaje se enredó un relámpago 
iluminando el rostro y la figura 
de un hombre de rodillas en el pasto. 

¿Era una maldición? ¿Rezo? ¿Gemido? 
Partiendo el monte, un aprendiz de lago 
reflejaba su sombra, que la lluvia 
temblaba en movimientos alargados. 

¿Era una maldición? ¿Rezo? ¿Gemido? 

¡ Humana Cruz de Angustia! Entre sus brazos 
pretendía aprisionar su propia sombra! 

¡ La sombra de su cuerpo y de su llanto ! 


FIGURA. 


— ¡Sueño de mi dolor! ¡Tiempo 
¡ La tormenta me incendia con 


sin nombre 
su rayo! 


TIEMPO. — Ponte de pie y regresa! 


FIGURA. 


— ¡Ya no puedo 

abandonar mi sombra en este lago! 


SUEÑO. 


— Si nunca ha sido tuya. . . ¿por qué sueñas 


FIGURA. — ¡Porque tú hiciste que soñara en algo! 

TIEMPO. — Nunca la alcanzarás. 


FIGURA. 


— ¡Ya lo veremos ! 


¡Y en un grito de sangre y de demencia, 
el hombre busca en la corriente helada 
a su sombra, la infiel que lo seduce 
hasta hundirlo en el fondo de las aguas. 
Solloza la tormenta y en el bosque 
un ave ciega y sin canción, arranca 
con su pico afilado como labios 
la savia joven de las verdes ramas. 


— 42 — 



¿Y el Sueño? Ya se va... casi llorando... 
le duele por que ver morir sus almas . . 

¿Y el Tiempo? El Tiempo no. Quieto. Quimérico. 
Reclinado en el rostro de las zarzas, 
contempla al mundo ciego de los hombres, 
que por nacer y por vivir, se matan. 


FIN 


— 43 - 






Este poema ha sido premiado 
con la Flor Natural en los jue- 
gos Florales de Guayaquil, 
Ecuador, Octubre 1953. 



TRAGEDIA DE UN SOLO SUEÑO 


PERSONAJES: 

Hombre - Niño 
Hechicero 
Padre 
Madre 

Un hombre - niño avanza por el monte. 

Las hojas secas, de amarillas manos 
enterradas y enfermas, se deshacen 
al roce leve de sus pies descalzos. 

Como frágiles víboras de sangre 
entre el verde follaje legendario, 
se deslizan los rayos ardorosos 
de un sol enloquecido de verano. 

Y el hombre - niño avanza entre la niebla, 
absorto en la cadencia de los pájaros, 

que trazan con la sombra de sus alas, 
laberintos de plumas y de cantos. 

Y el hombre - niño sueña. . . sólo sueña. . . 
muere de sueño. . . vive por soñarlo. . . 
¡Conocer el secreto de los montes 

en los atardeceres solitarios ! 

¡ El vertical silencio de los árboles ! 

¡ La anglistia inmóvil de sus cuerpos altos ! 
¡Y crecer un camino hasta la luna, 
destruyendo el camino señalado ! 


Amanece en el río: de las nubes 
desciende hasta la orilla de los pastos, 
un anciano de viento que al suspiro 
mancha de luz la sombra de los álamos. 

HECHICERO. — Niño del Monte de los Altos Pinos 

Vagabundo del aire alucinado, 
haré de ti, lo que tu sueño sueña: 


— 47 — 



HOMBRE-NIÑO. 

HECHICERO. 

HOMBRE-NIÑO. 

HECHICERO. 

HOMBRE-NIÑO. 

HECHICERO. 


i Cruel Hechicero! i Príncipe ! i Rey Mago! 
Habitar la ciudad de las luciérnagas, 

0 ser la noche en los países blancos. 
Tendrás un potro azul hecho de fuego, 
para escalar el pico más nevado*, 

1 y de sus huellas brotarán las llamas! 

¡y con sus llamas arderán los lagos! 

Quiero vivir aquí. Lejos del ruido. 
Amanecer junto con la mañana. 

Que las aves aniden en mi cuerpo. 

Que mis brazos florezcan como ramas. 

¿Ese es tu sueño? ¡Que te pierdes! ¡Mira 
que hoy te encontré, pero tal vez mañana 
este poder que todo lo consigue 
querrá del todo no conseguir nada. 

Anciano de los Altos Horizontes, 
enseña tu poder con una gracia, 
convirtiéndome en árbol de silencio, 
quieto como la piedra abandonada. 

¡ Que me pueblen las aves y los vientosl 
¡ Que mis brazos tendidos hacia el alba 
guarden en su madera endurecida, 
la luz de las estrellas solitarias ! 

Silencio, es el sepulcro de los hombres. 
Piedra, la dura frialdad del alma. 

Las aves y los vientos van y vienen. 

¡Y las estrellas mueren con el alba! 

¡Nada me asusta! ¡Déjame ser árbol, 
que el dolor de ser hombre me desangra 

¿Por qué te empeñas en hundirte vivo, 
si nacerás de nuevo entre las plantas? 


— 48 — 



HOMBRE-NIÑO. 


HECHICERO. 

HOMBRE-NIÑO. 


HECHICERO. 


HOMBRE-NIÑO. 


HECHICERO. 

HOMBRE-NIÑO. 


HECHICERO. 


— i Arbol que ciego, mudo, sordo, frío, 
comparta el mundo dulce de la savia. 

Sin agustia ni sueño, sobreviva 
amontonando siglos en las ramas ! 

— Tú serás diferente. El árbol - hombre, 
lleva en su tronco la miseria humana. 

— El monte es como el mundo. Hombres y árbo- 

entre sí diferentes, que se matan [les 

Por la noche, en el lago he visto sauces 
llorando como madres enlutadas. 

He sentido la queja de los ceibos, 
sacudiendo al invierno entre la escarcha, 
cuando por gusto emblanquecía sus flores 
como labios helados de muchachas. 

Escucha ese murmullo indiferente 
y altanero: es el álamo de plata 
rechazando a la luz de las estrellas, 
que buscan el amparo de sus ramas. 

— Y tus hojas serán verdes pupilas 
mirando y reteniendo lo que pasa. 

Tu savia será sangre . Y en tu sombra 
sollozará la angustia de las almas. 

' — ¡Nada me importa! ¡Déjame ser árbol! 
Enseñaré a la sombra, la ventaja 
de soñar, que la angustia de los sueños 
no lastima a los hombres ni a las plantas. 

— ¡ Las aves huirán de tu follaje ! 

; — Las llamaré en la brisa enamorada, 
dándoles mi soñar para que vuelen 
unidas para siempre con mi alma ! 

— ¡ Serás frágil y débil como el hombre, 


— 49 — 



y la tormenta ciega y despiadada 
te arrancará del suelo! 

HOMBRE-NIÑO. — — La tormenta 

será mi amante fiel y enamorada, 
ya que mis flores, como inmensos ojos 
de hombre, la miraran y al traspasarla 
se entregará! Mujer en el delirio 
de querer todo lo que ya no es nada. 

HECHICERO. — Has vencido. Arrodíllate desnudo. 

Pon las pupilas en la tierra y alza 
los brazos a la luna. Que tus piernas 
se entierren cual raíces torturadas. 

Junto a la sombra de intangible rostro, 
una bruma de sueño se levanta, 
brotando de la tierra humedecida, 
un árbol nuevo de silueta extraña. 

Hay un silencio oscuro y de presagios 
clavado en las espinas de las zarzas, 
mientras el buho de amarillos ojos, 
desgarra el aire con sus negras alas. 

Un árbol nuevo. Fino como un grito, 
se introduce en la noche, y 1a. desgarra! 

Los astros se desbocan en galope 
de potros locos y de crines blancas, 
mientras el árbol, silencioso, tiembla 
una sombra perenne y angustiada, 
como si fuese un hombre de rodillas 
sobre el sendero pálido de escarcha. 

Sus hojas verdes son pupilas muertas, 
rígidas de dolor, y dilatadas 
como si la visión de lo vivido, 
fuese la maldición de su mirada. 

Es un árbol de muerte que respira 
la vida de los árboles y plantas 
que no quieren ni verlo, porque temen 
a su contacto envenenar la savia. 

Si es de muerte, ¡que muera sólo! seco! 

¡sin aves y sin flores y sin ramas! 


< — 50 — 



¿De dónde vino, oscuro de silencio? 
¿Qué les reprocha sin decirles nada? 


La cabaña del monte está desierta. 

El leñador partió de madrugada, 
antes que el sol jugase con los mimbres 
y la luna muriese en la montaña. 

La cabaña del monte está desierta. 

La madre, enferma de llorar, al alba 
partió buscando al hijo entre los pinos, 
o en la corriente pérfida y helada. 

Pero en lago quieto, transparente, 
sólo vió los guijarros y las algas, 
como brazos desnudos, abrazando 
el temblor permanente de las aguas. 

PADRE. — ¡ Hijo de mi dolor y mi locura! 

¡ de mi felicidad y mi desgracia ! 

¿no sientes la amargura de mis gritos 
que por el monte inmenso te reclaman? 

MADRE — ¡Hijo de mi pasión y mi alegría! 

¡ El que vivió en mi seno y mis entrañas ! 
¿no sientes el latido de mi sangre 
palpitando en las piedras y las zarzas? 

HECHICERO. — Realizaste por fin, tu solo sueño! 

¡árbol erguido de raíces bajas! 

¡Tan cerca de la fosa y de la estrella! 

¡ alimentando el llanto de las almas ! 

HOMBRE-NIÑO. — ¿Era mi sueño inmenso este martirio 

de vida eterna? ¿Elegí la amarga 
condena de un infierno hecho de fuego, 
helando con la lumbre de sus brasas? 

En la cabaña hay gente. De regreso 
la madre, enferma de temblar, desmaya... 
y están en primavera. El aire es tibio. 

Las flores huelen y la luz se alarga... 


— 51 — 



Encenderán la lumbre. El padre sale 
a buscar leña. Levantando el hacha 
derriba al árbol nuevo, que resiste 
los fuertes golpes, como si peleara. 

Hasta que al fin, vencido se desploma, 
salpicando las manos y la cara 
de sangre, al leñador, que enloquecido, 
sigue golpeando hasta que se desangra! 
Lleva los troncos jóvenes y tiernos 
para encender el fuego en la cabaña, 
porque la madre enferma, tiene frío... 
sus manos fuertes tiemblan como lágrimas. 
En su rostro, la sangre, abriendo surcos, 
sobre su cuerpo anciano se desmaya. 

Y los leños se aprietan encendidos. 

Una extraña dulzura se derrama 
por las paredes, por el aire, el suelo, 
y entra como la música en el alma. 

Y la madre se duerme en el silencio 
de la música etérea que no acaba . 
Soñando con la muerte y con la vida, 
crece de nuevo al hijo en las entrañas! 


F I N 



INDICE 




SOMBRAS SIN SUEÑO 


LA MUERTE Y LA, LUNA 

DRAMA DEL AMANECER 

TRAGEDIA DE UN SOLO SUEÑO 



Este libro se terminió de imprimir 
el día 20 de Noviembre de 1953 
por la Compañía Impresora 
S.A. (CISA), Isla de 
Flores 1580 bis, 
Montevideo, 

Uruguay